Universitat de València > Licenciatura de medicina > Textos de José L. Fresquet

1.La medicina en la Antigüedad clásica


1.3. El Corpus hippocraticum

En los escritos que integran el Corpus Hippocraticum hallamos diversidad, pero también unidad, en el sentido de que sus trabajos eran el producto final de una búsqueda de la comprensión. Se dedicaban a la "filosofía natural". Podríamos verlos como el producto de filósofos que se interesaban en los fenómenos relacionados con la salud y la enfermedad, o de médicos que se inspiraban en la tradición filosófica. Existía un denominar común, había que proceder de una manera docta. Se trata de unos personajes representativos de un momento cultural caracterizado por una atmósfera de racionalismo y humanismo admirables.

Como ya se ha señalado anteriormente, los aspectos mágicos y sobrenaturales están ausentes, o casi ausentes. Los dioses existían, desde luego, incluso la Naturaleza podía considerarse como divina, pero la intervención de aquéllos en las causas de enfermedad, en la curación o en el funcionamiento del cuerpo humano quedaba excluida.

En el escrito Sobre la enfermedad sagrada, podemos leer:

Texto:

Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente. En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades, y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su inexperiencia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de entenderla le conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuros.

.....

Me parece que los primeros en sacralizar esta dolencia fueron gente como son ahora los magos, purificadores, charlatanes y embaucadores, que se dan aires de ser muy piadosos y de saber más. Éstos, en efecto, tomaron lo divino como abrigo y escudo de su incapacidad al no tener remedio de que servirse, y para que no quedara en evidencia que no sabían nada estimaron sagrada esta afección. Y añadieron explicaciones a su conveniencia, y asentaron el tratamiento curativo en el terreno seguro para ellos mismos, aduciendo purificaciones y conjuros, prescribieron apartarse de los baños y de un buen número de comestibles que serían comida inconveniente para los enfermos..

[Trad. tomada de Tratados Hipocráticos I. Madrid, Editorial Gredos, 1990, pp. 399-400.].

Algunos autores han considerado Sobre la enfermedad sagrada como la expresión de la lucha siempre renovada de hombres que piensan científicamente, contra la superstición, la charlatanería sin escrúpulos (H. Grensemann). Efectivamente se trata de un libro cuyo rasgo fundamental es que representa acertadamente las ideas de unas personas que confían en la razón para interpretar o explicar y entender el mundo, rechazando sin miramientos actitudes irracionales como la magia y la superstición.

Durante el periodo antiguo se edificaron las cuatro disciplinas básicas:

Eidología: una anatomía descriptiva (el aspecto visible)
Estequiología: estructura de la forma (elementos constitutivos)
Genética (lo que para nosotros es embriología y antropogenia)
Dinámica: lo que a partir del siglo XVIII será la fisiología, la psicología y la sociología, es decir, tres ciencias separadas

En el mundo antiguo no hay una separación entre forma y función, entre anatomía y fisiología. Para un griego de la época ambas cosas eran dos momentos especialmente interconectados de la adecuada realización visible de la physis humana.

La ciencia anatómica del Corpus hipocraticum es muy rica, pero la preocupación de sus autores por su uso práctico, restó sistema y añadió errores.

Su fuente fueron la observación de los animales y la práctica quirúrgica, no la disección de cadáveres humanos. El cuerpo humano (el todo) se diversifica en partes, y de las partes se origina el todo. La forma de entender ese todo fue la idea de microcosmos.

Las funciones del cuerpo se interpretan en ese momento partiendo de la idea de que la physis de cada ser vivo en particular es una manifestación de la naturaleza en su conjunto. Había distintas doctrinas que explicaban los elementos constitutivos de esa naturaleza y de los principios vitales que los ponen en movimiento. Estas doctrinas variaban según la corriente presocrática utilizada como referencia o fundamento. Hay tratados que se basan en la teoría de los cuatro elementos de Empédocles; otras que sólo hablan de fuego y agua; y otras que sitúan en primer plano las potencias elementales (dynameis) o cualidades, que se mencionan en un número indefinido: lo húmedo y lo seco, lo dulce y lo amargo, lo cálido, etc.

En los principales escritos aparece el concepto de "humor" como elemento secundario del organismo. Los humores eran considerados como mezclas, en proporciones variables, de los cuatro elementos de Empédocles. Se habla de dos humores en los escritos tempranos, de tres en Epidemias, Pronósticos y Sobre la enfermedad sagrada, y de cuatro en otros. Pólibo, yerno de Hipócrates, incluyó un esquema que relaciona los cuatro humores elementales con cuatro pares de cualidades opuestas. Medio milenio después Galeno convirtió este esquema en canónico.

Los cuatro humores

Esquema de la asociación de los cuatro elementos, humores y cualidades. Procede del escrito hipocrático "Sobre la naturaleza del hombre".

Para los hipocráticos la vida del hombre sería un cambio continuo de su naturaleza, desde el nacimiento hasta la muerte, basado en la mezcla de los humores (crasis) y en la conexión funcional o simpatía de las diferentes partes del cuerpo. Ambas se mantendrían por el "calor innato", cuya sede principal sería el ventrículo izquierdo del corazón, por un lado, y por dos elementos externos: el alimento y el pneuma, que es "aire" fuera del cuerpo y "soplo" dentro de él. Éste penetraría a través de la piel, por la boca y por la nariz y su función es la de vivificar, refrigerar y alimentar.

Los hipocráticos consideraron la enfermedad igual que otras culturas, como una alteración de la armonía orgánica y, por tanto, como

Un desequilibrio de las cualidades o dynameis
Un mal flujo del pneuma
Una inadecuada mezcla de los humores

No hay una clasificación metódica de las causas, pero la gran diversidad de las que en él se mencionan pueden ordenarse en causas internas (el temperamento, el sexo, la edad) y externas (inanimadas, como la mala alimentación, el aire corrompido, los traumas, los venenos; o animadas, como los parásitos, y las emociones violentas). Algunos escritos concedieron mucha importancia a los factores ambientales (Sobre los aires, las aguas y los lugares). Entre éstos se mencionan los factores de tipo físico, pero también el tipo o género de vida de sus habitantes. Uno de los tratados más célebres, Epidemias, está ordenado por constituciones epidémicas, es decir, por constelaciones ambientales de cada lugar y momento determinado. Se ilustran con historias clínicas que son ejemplo de las enfermedades que en ellos predominan.

Una vez enferma la physis, ¿qué le pasa, según los hipocráticos? La respuesta varía según se trate de los humoralistas o los neumáticos. La corriente "humoralista" se tiene como más hipocrática. El humor se "separa" de la mezcla a que en estado de salud pertenece y se constituye en depósitos anómalos (apóstasis, apostemas). Éstos pueden desplazarse a otras partes del cuerpo (metástasis), sufrir bajo forma de cocción la acción sanadora de la naturaleza (pepsis), o bien convertirse en pus, o entrar en putrefacción corruptora (sepsis). Las metástasis suponen una fluxión (rheuma) del humor separado. Los órganos pueden sufrir rupturas o padecer una plenitud morbosa (plétora).

Los hipocráticos fueron muy meticulosos al recoger señales (semeia) de las enfermedades. Se recogen éstas por los órganos de los sentidos (lo que se ve, lo que se toca, lo que se oye...) y con el entendimiento. En Epidemias (VI 8) se dice "Es una tarea el examinar el cuerpo. Requiere vista, oído, olfato, tacto, lengua, razonamiento". Los médicos recogían estas señales observando el aspecto general del enfermo, los cambios de cara y lengua, examen de los humores, estimación de la temperatura, palpación, auscultación mediata, etc. Desde el punto de vista humoral, el médico captaba los cambios de los humores enfermos, de las cocciones, a través de la orina, la fiebre y el sueño, la sudoración, el aspecto de la expectoración y de las heces.

Respecto al diagnóstico lo primero que hacían era determinar si la enfermedad se debía al azar o a alguna causa —era curable—, o bien era una "necesidad de la naturaleza" —era incurable y el médico debía abstenerse de intervenir—. Por tanto, la acción nosogénica de una causa de enfermedad podía adoptar dos modos muy distintos: la forzosidad o necesidad fatal, por tanto invencible e ineludible, y el azar, donde podía ser útil la acción técnica del médico. Trataban después de establecer un diagnóstico más específico. Las enfermedades internas eran agudas, las más funestas, y crónicas, que lo eran por cronificación de una enfermedad aguda (el empiema, por ejemplo), o por su propia naturaleza (la hidropesía, por ejemplo).

La última meta del diagnóstico entre los hipocráticos tenía carácter predictivo: el pronóstico. Éste era una herramienta de prestigio social y dependía, claro está, de la experiencia. Por tanto, también era una herramienta técnica de "preconocimiento"; la búsqueda de regularidades en el curso de las enfermedades puede considerarse como un hallazgo importante, aunque resultó algo fallida. El pronóstico debía apoyarse siempre sobre la observación y la experiencia.

Texto:

"Que el médico se ejercite en la prevención me parece excelente. Pues si conoce de antemano y predice ante los enfermos sus padecimientos presentes, los pasados, y los futuros, y si les relata por completo incluso los síntomas que los pacientes omiten contar, logrará una mayor confianza en que conoce las dolencias de los pacientes, de manera que las personas se decidirán a encomendarse a sí mismas al médico. Y así dispondrá del mejor modo el tratamiento, al haber previsto lo que va a ocurrir a partir de la situación actual."

(Trad tomada de Tratados Hipocráticos I. Traducción de Carlos García Gual et al. Madrid, Gredos, 1983, p. 329)

Finalmente la terapéutica de los hipocráticos estuvo en consonancia con los fundamentos conceptuales expuestos. Lo que cura es la physis o naturaleza y el médico no es más que un servidor de ella. La naturaleza posee una "fuerza curadora", una vis curatrix, idea que se ha mantenido durante siglos en medicina y que todavía algunas corrientes neohipocráticas y naturistas reivindican hoy en día.

El médico debe favorecer y ayudar a la naturaleza y no perjudicar. Pocos son los medicamentos o remedios que se mencionan en el Corpus hippocraticum. La mayoría son "contrarios" al tipo de transtorno, pero en algún libro se mencionan remedios "similares". Procedían éstos de la práctica empírica y mágica anterior con muchos elementos que se filtraron de otras culturas como la egipcia y la india. Algunos médicos abusaron del uso de purgantes y otros, en cambio, prefirieron la actitud expectante.

Junto a los remedios o fármacos, los hipocráticos recurrieron a la dietética y a la cirugía. Es necesario señalar que la dietética en este momento no se restringía a la alimentación, sino que abarcaba todos los aspectos de la vida humana (la medicina como arte de vivir, en expresión del historiador de la medicina H. Schipperges).

La cirugía es uno de los aspectos más destacados del Corpus Hippocarticum. Consistía básicamente en curar heridas, llagas y úlceras, actuar en fracturas y luxaciones, evacuar abcesos, etc.

 

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