Denton A. Cooley (1920 -) y la cirugía cardíaca

Tal día como hoy, pero de 1920, nació en Houston, Tejas, Denton A. Cooley. Participó éste en la carrera por los transplantes de corazón que el mundo vivió en la década de los años sesenta desde los medios de comunicación, de la misma forma que la llegada del hombre a la luna. Aparte de esto, sus aportaciones a la cirugía cardíaca son innegables; según sus colegas su actividad ha destacado en la reparación y el reemplazo de válvulas, el tratamiento de cardiopatías congénitas y de anomalías cardíacas en niños.

En un principio quiso seguir los pasos de su padre, que era odontólogo, pero en los cursos preclínicos se sintió fascinado por la cirugía. Comenzó en la Universidad de Tejas, pero se trasladó pronto a la Universidad John Hopkins, en Baltimore. Obtuvo el MD en 1944. Continuó después como interno y estuvo de ayudante de Alfred Blalock, cirujano que llevó a cabo la primera anastomosis quirúrgica de una rama de la aorta (subclavia) con la arteria pulmonar el 29 de noviembre de 1944 en una niña cianótica que presentaba una malformación congénita (niños azules).

Blalock le animó a que se especializara en cirugía cardiovascular. Se dice que pronto impresionó a sus colegas por la velocidad y destreza con las que trabajaba. En 1946 ingresó en el cuerpo médico del ejército; estuvo de jefe de los servicios quirúrgicos en el Hospital de Linz, Austria. Finalizó su servicio en 1948 con el grado de capitán. Regresó a Estados Unidos para terminar su residencia.

En 1950 estuvo en Londres formándose con el cirujano Russell Brock. Un año después regresó a Houston como profesor de cirugía en la Baylor University, con trabajo en el Hospital metodista asociado. Allí comenzó una fructífera colaboración con Michael E. De Bakey (1908 -), entonces pionero de la cirugía vascular. En esa década introdujeron numerosas novedades. Cooley desarrolló una técnica para operar los aneurismas aórticos. De Bakey y su equipo diseñaron un aparato de bombeo que fue fundamental para en la operaciones a corazón abierto como medio de mantener el flujo sanguíneo entre dicho órgano y los pulmones.
En los años sesenta la actividad de los dos cirujanos se hizo incompatible y Cooley trasladó su actividad quirúrgica al Hospital Episcopal de San Lucas. También trabajó en el Hospital infantil de Tejas. Continuó en la Universidad Baylor como profesor. Cooley también creó el Texas Heart Institute. Durante esos años su fama creció de forma extraordinaria al ser capaz de realizar delicadas intervenciones quirúrgicas en niños para corregir malformaciones congénitas e intervenir embolias pulmonares. Hoy podemos leer en la página web del Instituto que “Nuestra misión es reducir la incidencia y los efectos devastadores de las enfermedades cardiovasculares por medio de programas innovadores y progresistas de investigación, enseñanza y atención médica”.

Uno de los méritos de Cooley y de sus colegas fue trabajar en el desarrollo de válvulas artificiales. En escasos cinco años la mortalidad por implantación de válvulas descendió del setenta al ocho por cien. La International Surgical Society otorgó a Cooley el premio Renée Lebiche.

El 3 de diciembre de 1967 saltaba a la fama el cirujano sudafricano Christian Neethling Barnard al realizar el primer transplante de corazón a Louis Washkansky, que lo recibió de Dense Ann Darwall, una mujer negra de 25 años. Falleció a los dieciocho días de una neumonía. La carrera por los trasplantes de corazón acababa de comenzar. El equipo de Cooley estuvo dedicado durante un tiempo a analizar con detalle el procedimiento de Barnard tratando de perfeccionarlo.

El 3 de mayo de 1968 el equipo de Cooley llevó a cabo su primer transplante. La donante era una niña de quince años que se había suicidado, y el receptor, un hombre de 47 años. Sobrevivió doscientos cuatro días. A lo largo del año siguiente realizaron otros veintidós transplantes. Entre éstos cabe mencionar el que se llevó a cabo entre dos mujeres el 13 de julio; la beneficiaria era Beth White Brunk, que falleció el 23 de septiembre. El 15 de septiembre de 1968 realizó un doble transplante de corazón y pulmones. El receptor falleció tras la operación.

Esta actividad le reportó halagos y críticas. Se discutió entonces el tema de la muerte cerebral y los donantes escasearon, porque muchos no aceptaban la muerte cerebral como una “muerte verdadera”. Cooley se arriesgó mucho al implantar un corazón artifical en fase experimental a un paciente durante 65 horas hasta que estuvo disponible un corazón que procedía de una mujer de 40 años. Se trataba de Haskell Karp, de 47 años. La operación fue un éxito, pero al día siguiente Karp falleció de una insuficiencia multivisceral.

Tuvo problemas con De Backey, quien le acusó de apropiarse de sus investigaciones y de haber realizado la operación sin que el procedimiento tuviera aprobación federal. Cooley señaló que el permiso del enfermo era suficiente para llevar a cabo la intervención. “Las operaciones que yo hago tienen por objetivo salvar la vida de una persona. Este fue mi objetivo en el caso de Karp: hubiera muerto el viernes por la tarde si no lo hubiera operado. Se trataba de un esfuerzo desesperado por salvarle la vida”. Llegó a tener problemas con la administración de la Universidad Baylor y Cooley dio por finalizada la relación con este Centro.

Cooley decidió entonces abandonar los trabajos sobre el corazón artificial y dedicarse al estudio del baypass coronario. Antes de 1972 había realizado ya mil doscientas de estas operaciones a corazón abierto. Se trata de la operación cardíaca más común. En los Estados Unidos se realizan más de 300.000 intervenciones al año de este tipo con éxito. El procedimiento crea una nueva vía por la que afluye la sangre para que el músculo cardíaco pueda recibir su aporte de oxígeno para funcionar de modo adecuado.

Igual que su padre también se dedicó a los negocios y a finales de los años ochenta, la caída de los precios de las propiedades y del petróleo, le llevaron a la bancarrota, aunque se recuperó. En 1985 también tuvo que hacer frente al suicidio de una de sus hijas. Está casado con Louise Goldborough Thomas.
El 18 de agosto de 1998 realizó una intervención que fue transmitida por Internet, un día después que lo hicera otro cirujano de Seattle. El 10 de abril de 2000 implantó un nuevo modelo de corazón artificial a un varón de 52 años, que le permitió vivir casi ochenta días en espera de un donante.

Mientras ha ido espaciando su presencia en los quirófanos, Cooley se ha dedicado a desarrollar campañas preventivas de las enfermedades cardíacas, potenciando la educación de los ciudadanos en este sentido.

Más información sobre Cooley, una entrevista y fotografías, siga este enlace.

Adorno

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