A propósito de “Adición e Incontinencia”
En el habitual artículo de El País Semanal de ayer, Javier Marías nos habla de “Adición e Incontinencia (EPS, 1569, La zona Fantasma. Adición e Incontinencia, p. 106), donde señala algunas cosas que me vienen sucediendo desde hace ya tiempo y que van en aumento. Lo mismo les pasa a muchos de mis compañeros, posiblemente a todos. Lo peor es que el límite, que uno siempre espera que llegue, nunca acaba de hacerlo.
Reproduzco aquí los primeros párrafos:
“Yo supongo que ustedes, se dediquen a lo que se dediquen, ya se habrán percatado a estas alturas de que la vida actual está extrañamente montada para impedirle a la gente dedicarse a lo que se dedica u obstaculizárselo al máximo, o, dicho de otra manera, para que nadie trabaje como es debido. Da lo mismo de qué se trate o del país en que se viva. Cada vez que hablo o me escribo con alguna amistad, oigo la misma canción: “Estoy agobiado y desesperado. No es ya que no me quede apenas tiempo para mí, sino que difícilmente puedo hacer mi tarea, por la que me pagan y con la que me gano la vida…”
Y sigue el artículo con muchos ejemplos, algunos de los cuales los sufro y aún peores. Lo cierto es que la agenda se llena de reuniones en las que no se acuerda nada o se acuerda organizar otras para solucionar los problemas que prentendían cerrase en la primera. Los asuntos van rodando de comisión en comisión y te vuelven aumentados, la petición de informes se repite varias veces al día, cuentas lo mismo decenas de veces, te convocan y obligan a organizar cosas para las que no estás preparado, y un largo etcétera.
La investigación y la docencia necesitan tiempo, concentración y un mínimo de continuidad en lo que estás haciendo, que hoy no se encuentran en ningún sitio. Merecerá seguir reflexionando sobre el tema.





