Alexander Duncan Langmuir y los CDC (1910-1993)
Tal día como hoy, pero de 1993, murió Alexander Duncan Langmuir, reconocido internacionalmente por sus contribuciones en el campo de la epidemiología.
Langmuir nació en Santa Mónica, California, el 12 de septiembre de 1910. Obtuvo el grado de bachiller en 1931 en la Universidad de Harvard, y el de doctor en 1935 en el Cornell University Medical College. Estudió después en la Escuela de Salud Pública e Higiene de la Johns Hopkins University.
Adquirió gran experiencia como oficial de salud pública del estado de Nueva York y como miembro del comité de epidemiología de las fuerzas armadas entre 1942 y 1946. Durante tres años estuvo de profesor asociado en la Escuela de Higiene y Salud Pública de la Johns Hopkins y, en 1949, asumió el puesto de director de epidemiología del National Communicable Disease Center, lo que ahora son los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention, CDC), donde permaneció por espacio de veintiún años. Tras su jubilación estuvo de profesor visitante en las escuelas de salud pública de la John Hopkins y de la Universidad de Harvard (1988-1993).
El comienzo de la Guerra de Corea, en 1950, le llevó a la creación del Servicio de Información Epidémica (EIS) de los Centers for Disease Control and Prevention. Durante la guerra fría, Langmur, vio la oportunidad de preparar a epidemiólogos para la protección contra las amenazas ordinarias a la salud pública y que, a la vez, estuvieran al tanto de gérmenes extraños. La primera generación comenzó a formarse en Atlanta en 1951. Esta specie de “detectives” (Epidemic Intelligence Service), se hizo famoso rápidamente y su esquema fue imitado por otros países.
A mediados de los años cincuenta se produjeron dos crisis importantes en lo que a la salud pública se refiere, que le proporcionaron prestigio y garantía de supervivencia a los CDC. En 1955, cuando apareció la poliomielitis en niños que habían recibido la vacuna Salk recién aprobada, se tuvo que interrumpir el programa al descrubrirse que los casos se debieron a vacunas contaminadas que provenían de un laboratorio en California. Se corrigió el problema y se reanudó el programa de inoculación. Dos años después, la vigilancia se empleó nuevamente para detectar el curso de una epidemia masiva de influenza. Con los datos recogidos desde 1957, se elaboraron las normas nacionales para la vacunación contra esta enfermedad.
Otras entidades se anexionaron a los Centers for Disease Control and Prevention. El programa de enfermedades de transmisión sexual se trasladó a Atlanta en 1957 y, con él, los primeros Asesores de Salud Pública, graduados universitarios en disciplinas no científicas destinados a desempeñar el papel fundamental de poner en marcha los programas de control de enfermedades. También lo hizo el programa contra la tuberculosis en 1960, así como las prácticas de inmunización y el servicio de elaboración del Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad, (1961). También se reestructuró el Servicio de Cuarentena Extranjera (1967) y se incorporaron, además, el Programa de nutrición y el Instituto Nacional de la Seguridad y Salud Ocupacionales.
Respecto a la inmunización, se acometió la lucha contra el sarampión y la rubeola. Se dio cabida a la planificación familiar y la vigilancia de enfermedades crónicas. Los CDC desempeñaron también una función clave en la erradicación de la viruela. En 1962 se estableció una dependencia de vigilancia de la viruela que, un año más tarde, puso a prueba una vacuna y un inyector sin aguja recién desarrollados en Tonga. Los CDC llevaron este sistema a África central y occidental.
En 1963 Langmuir definió el término “vigilancia epidemiológica” como la “observación activa y permanente de la distribución y tendencias de la incidencia de las enfermedades mediante la recolección sistemática, la consolidación y la evaluación de informes de morbilidad y mortalidad, así como de otros datos relevantes”.
El lanzamiento del programa de vigilancia de enfermedades confirmó su sospecha de que la malaria, en la que consumían la mayor parte de su presupuesto, había desaparecido desde hacía mucho tiempo. Posteriormente, la vigilancia de las enfermedades se convirtió en la piedra angular de la misión de servicio a los estados que se asignó a los CDC; se modificaron así las prácticas de la salud pública.
A mediados de los años setenta y principios de los ochenta, los CDC hallaron la causa de la enfermedad de los legionarios y también de lo que después se llamaría síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA).
La labor de Langmuir fue reconocida por muchas instituciones y recibió también varios premios, como el Bronfman de la American Public Health Association, y el de la Foundation Pioneering Achievements in Health. También actuó como consejero sobre temas de salud pública para los Estados Unidos y otros países, en innumerables ocasiones.
Los CDC también tuvieron sus aspectos oscuros. Por ejemplo, en 1972, los medios de comunicación denunciaron lo que se conoce como “estudio Tuskegee” sobre los efectos a largo plazo de la sífilis no tratada en hombres negros. También fueron objeto de crítica por el intento, en 1976, de vacunar a la población de los Estados Unidos contra la gripe porcina. Cuando algunas personas vacunadas presentaron el síndrome de Guillain-Barré, la campaña se detuvo de inmediato.





