Ferdinand von Hebra (1816-1880)
Tal día como hoy, pero de 1816, nació en Brno (Brünn, en alemán), región de Moravia, República Checa, Ferdinand Ritter von Hebra, uno de los iniciadores de la dermatología moderna.
Comenzó su formación en Graz y después marchó a Viena para estudiar medicina. Se graduó en 1841. A mediados del siglo XIX Viena se convirtió de nuevo en el centro europeo de la enseñanza médica, gracias a la llamada Nueva Escuela Vienesa (Neue Wiener Schule). Dos son, especialmente, los nombres ligados a ésta, el anatomopatólogo Karl Rokitansky (1804-1878) y el clínico Joseph Skoda (1805-1881). Se unieron después otros nombres, incluido el del propio Hebra, que hicieron que las especialidades médicas alcanzaran un extraordinario desarrollo hasta la primera guerra mundial.
Hebra estuvo como aspirante en el departamento en enfermedades del pulmón que dirigía Skoda; después fue médico auxiliar. Entre las salas de medicina había una que recibía el nombre de “sala de sarnosos”, donde iban a parar todos los enfermos con problemas de piel. Efectivamente muchos padecían escabiosis, pero otros sufrían enfermedades dermatológicas graves, o aquellas, como la sífilis, con manifestaciones cutáneas. Incluso los estudiantes acudían a esta sala como un mal necesario para obtener el título. Hebra, por el contrario, mostró interés en este tipo de enfermos. En esta época las enfermedades de la piel se consideraban como manifestaciones de las enfermedades internas, especialmente las que producían una especie de “envenenamiento de la sangre”, y se las trataba generalmente con dieta.
Skoda dejó a Hebra a cargo de la sala. En 1844 estudió la escabiosis. Reunió todo lo publicado sobre el tema hasta entonces. Observó que se mantenían una serie de graves errores sobre el tema. Señaló que toda persona en cuya piel asentara el ácaro Sarcoptes, contraía la enfermedad. Ésta desaparecía cuando se destruía el parásito y sus huevos. La hiperemia, los nódulos, ampollas, pústulas y eczemas eran causados por las irritaciones mecánicas, calóricas y químicas. También afirmó que la irritación de la piel podía transmitirse a un lugar distante de la misma a través de los reflejos nerviosos. Sin embargo, los médicos tardaron mucho tiempo en aceptar estas ideas sobre la sarna. Hebra aplicó tratamientos locales y logró gran éxito.
En 1845 la sala o el servicio del que Hebra era responsable se separó del departamento de Skoda. La dermatología comenzaba a tener entidad propia. Con su formación anatomopatológica Hebra comenzó a diferenciar unas enfermedades de otras y a decantarse por una explicación localicista, postura contraria a las ideas entonces vigentes. En su Versuch einer auf pathologische Anatomie gegründeten Eintheilung der Hautkrankheiten, que apareció en 1845, dio a conocer la siguiente clasificación: (a) Hiperemias; (b) Anemias; (c) Anomalías de la secreción; (d) Exudaciones; (e) Hemorragias; (f) Hipertrofias; (g) Atrofias; (h) Tumores benignos; (i) Tumores malignos; (j) Úlceras; (k) Neurosis; (l) Dermatosis parasitarias. Esta clasificación estuvo vigente a lo largo de un siglo. Consecuente con sus teorías, los tratamientos que aplicaba también eran locales. En 1848 lo designaron Primarius en el Allgemeines Krankenhaus de Viena y, en 1849, profesor extraordinario de dermatología. Fue profesor ordinario desde 1869.
Con todo el material de que disponía pudo describir de forma especial el lichen scrofuloso, lichen planus, impetigo herpetiformis, prurigo, rhinoscleroma y erythema multiforme. Hizo también contribuciones al estudio de los eczemas. Señaló que «Las influencias que produce el eccema pueden dividirse en conocidas y desconocidas. Las primeras son: 1) las externas al cuerpo, que producen la enfermedad por acción directa; 2) las que tienen su sede en el propio organismo y frecuentemente, si no constantemente, originan la misma enfermedad». Después añade: «Tras enumerar los pocos cuadros clínicos orgánicos de los que sé positivamente que con frecuencia dan lugar a eccema, debo ahora confesar con franqueza que se produce un gran número de casos cuyas causas son totalmente desconocidas. Porque no me gustan los lugares comunes a que frecuentemente recurren los escritores médicos al discutir la etiología de la enfermedad. Por el contrario, yo procuro, en lo posible, ceñir mis afirmaciones, en tanto que ello sea posible, al terreno de lo cierto».
Una de sus obras más conocida es el Atlas der Hautkrankheiten (1856 y 1876). Su entonces muy novedoso Lehrbuch der Hautkrankheiten, que completó su yerno Moritz Kaposi (1837-1902), se convirtió en la biblia de la disciplina en toda Europa. Fue traducida al inglés, francés, italiano y ruso.
Hebra convirtió Viena en el centro mundial de la dermatología; atrajo a estudiantes y médicos de muchos países. Su labor fue proseguida por su yerno Kaposi y también por su hijo Hans. Éste último, a pesar de estar enfermo la mayor parte de su vida, simplificó la clasificación de su padre y describió el rhinoscleroma y la rynophyma. También es necesario mencionar a sus discípulos Heinrich Auspitz (1835-1866), Philipp Joseph Pick (1834-1910) e Isidor Neumann (1832-1906).
Hebra murió en Viena el 5 de agosto de 1880.
Más sobre Hebra: Parish, L.Ch., La dermatología. En: Lain Entralgo, p. (dir). Historia Universal de la Medicina. Barcelona, Salvat, vol. 6, pp. 251-258.
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