Experimentos extravagantes
El próximo mes de noviembre se publicará el libro Elephants on Acid and other Bizarre Experiments, de Alex Boese. El título hace referencia a un experimento que se les ocurrió a un grupo de “¿científicos?” de la ciudad de Oklahoma (de su zoológico, y de su facultad de medicina); el 3 de agosto de 1962 administraron a un elefante altas dosis de LSD con la escusa de comprobar si reproducían un estado que se da en algunos elefantes en el que muestran gran agresividad a la vez que segregan un líquido viscoso de algunas de sus glándulas. Aunque se trató de reanimarlo al cabo de una hora, murió. Grandes experimentos, grandes conclusiones.
Un adelanto de su contenido puede consultarse aquí. Se resumen los “20 experimentos más extraños o extravagantes de todos los tiempos”. Incluye, por ejemplo, el conocido “Experimento de la cárcel de Stanford“. ¿Qué sucede cuando se pone a personas “buenas” en un sitio “malo”? ¿Gana la humanidad al mal, o el mal acaba triunfando? Éstas son algunas de las cuestiones que se plantearon en esta simulación-experimento de la vida en la cárcel, que una serie de investigadores de la Universidad de Stanford realizaron en el verano de 1971. Cinco días después de iniciado el estudio tuvo que interrumpirse.
El repertorio incluye también un experimento que se conoce como “toro con control remoto”. En 1963, José M. Rodríguez Delgado (nacido en Ronda, pero profesor en la Universidad de Yale) se colocó frente a un toro en una pequeña plaza de toros de Córdoba con la presencia de unos testigos. Cuando iba a embestirle consiguió detenerlo. Había utilizado una especie de mando a distancia que provocaba la actividad de un radiotransmisor insertado en el cerebro del novillo que le “permitía controlar sus movimientos”. La prueba formaba parte de una línea de investigación. Delgado ya había trabajado con gatos y monos. A partir de 1952 implantó electrodos en pacientes de esquizofrenia, epilepsia y otros transtornos mentales. Una de sus publicaciones sobre el tema se titula El control físico de la mente.
La idea del transplante de “cabeza” también es recogido en este conjunto. Aunque son muchos “¿científicos?” los que lo han llevado a cabo, el más conocido es el que realizó Vladimir Demikhov en 1954. Insertó la cabeza de un cachorro en un mastín adulto. El resultado final, la muerte, por supuesto. En Youtube se puede ver algún vídeo sobre el tema. Bastante patético.
Aparte de la oportunidad morbosa y periodística, y de la posibilidad de que se haya colado algún “hoax”, tenemos que reconocer que este tipo de cosas suceden, de las cuales, algunas, ni siquiera llegamos a sospechar. De todos es conocido que las guerras han hecho avanzar la cirugía, pero creo que esta es una historia diferente. No se si en el libro se incluirán costosos experimentos pregonados a bombo y platillo, en la que sabios investigadores demuestran cosas obvias que todo el mundo sabe. Des estos últimos podríamos poner también muchos ejemplos.
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