A vueltas con el origen de la sífilis

Desde el Renacimiento la sífilis ha dado lugar a gran cantidad de trabajos. La descripción de ésta, junto con el de otras nuevas enfermedades como la difteria, es considerada como una de las principales características que definen los cambios en la patología y clínica de este periodo. Pero el tema más controvertido ha sido su origen. Casi desde el principio, hay dos posturas que se alternan: los que defienden que procede del continente americano y la trajo Colón a su regreso, y los que creen que se inició en Europa.

Con el descubrimiento y descripción de los treponemas durante la primera mitad del siglo XX, pudieron establecerse cuatro enfermedades: el pián, yaw o frambesía tropical; la trepanomatosis no venérea de biología fásica, afín a la sífilis, producida por el Treponema pertenue; la pinta, mal de pinta o carate, enfermedad que provoca la aparición de unas placas blancas, pruriginosas localizadas en la cara, manos, piernas y cuero cabelludo y causada por el Treponema caretum; y la sífilis endémica no venérea o bejel, localizada en el Mediterráneo oriental y centro de África.

Durante la segunda mitad del siglo XX fue surgiendo una nueva hipótesis, denominada “unitaria”, que plantea orígenes independientes tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Hudson propuso que la sífilis, el pian, la pinta y otras formas locales de trepanomatosis endémica pueden agruparse como una sola enfermedad, con origen en el Paleolítico Superior en la zona del África subsahariana, como el tipo pián o frambesía. Los cazadores-recolectores lo habrían expandido a través de sus desplazamientos. En las zonas secas que bordean los trópicos las lesiones se restringieron a las áreas más húmedas del cuerpo como la boca, axilas y entrepierna, como ocurre en la sífilis endémica (bejel). Así se habría llevado al nuevo mundo por las tempranas migraciones asiáticas. Cuando llegaron a las zonas húmedas y calientes de Centro y Sudamérica, la sífilis endémica se reconvirtió en pián. La condición física y cultural del individuo, los cambios climáticos y las condiciones de vida habrían jugado un papel importante.

El pasado mes de enero apareció publicado en PLoS Neglected Tropical Diseases el trabajo de Kristin N. Harper, Paolo S. Ocampo, Bret M. Steiner, Robert W. George, Michael S. Silverman, Shelly Bolotin, Allan Pillay, Nigel J. Saunders, and George J. Armelagos, “On the Origin of the Treponematoses: A Phylogenetic Approach“. Con un acercamiento filogenético han estudiado 21 regiones genéticas de 26 cepas patógenas de Treponema de varias zonas geográficas. De todas las cepas examinadas, la sífilis venérea que causa la mayoría se originó recientemente y están estrechamente relacionados con las cepas que causan el pian de América del Sur. Sus resultados, indican los autores, reforzarían la hipótesis de que la enfermedad se trajo del Continente americano y que en el Viejo, existirían formas de transmisión no sexual. De cualquier forma se trata de una investigación que aplica por vez primera la genética molecular al estudio del origen de la sífilis, tanto de cepas patógenas como no patógenas.

El trabajo ha despertado inmediatamente varias opiniones. Entre éstas las de Connie Mulligan, antropóloga molecular en la Universidad de Florida, que no está de acuerdo con las conclusiones de Harper. Según ella los datos genéticos existentes no responden la cuestión de si Colón trajo la sífilis o ya existía en el Viejo mundo (”Molecular Studies in Treponema pallidum Evolution: Toward Clarity?“, PLoS Negleted Tropical Diseases, 2008; 2(1). El trabajo de Harper redescubre algo que ya sabíamos: que se trata de la misma enfermedad que presenta diferentes manifestaciones según el clima. No habría diferencia genética entre la sífilis y sus parientes transoceánicos.

Por otro lado, el genetista Spencer Wells, que dirige el Proyecto Genográfico de la National Geographic Society, señala que el estudio de Harper nos dice que hay que seguir investigando (“Did Columbus Bring Syphilis to Europa?”, National Geographic News, January 16, 2008). El estudio genético de este tipo de enfermedades puede enseñarnos mucho sobre la forma en la que nuestros propios genes han evolucionado. Según él, “Vemos una clara evidencia en nuestro propio genoma de la adaptación a la enfermedad”. El recurso a la genética para rastrear los orígenes y cambios en las enfermedades es un campo que está en pleno desarrollo y crecimiento. Sin embargo, es dudoso que lleguemos a saber con exactitud si fue Colón el responsable de haber introducido la sífilis en Europa.

Lo interesante de este tema es que los nuevos saberes y prácticas sirven para el estudio de viejos problemas.

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