Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 6

Insertamos a continuación la entrega 6. De nuevo se trata de un artículo aparecido en La Semana Católica:

Nos batimos en retirada. (al revés te lo digo)
¡Buena la hicimos, compañeros!

Nos hemos colado, y ahora no sabemos por dónde salir. Darwinicémonos y nos salvaremos.

Un compañero de la redacción  de La Semana Católica, saliendo de la sacristía, como el caracol de la cáscara cuando el sol se esconde, se atrevió a meterse con los organizadores de un homenaje a Darwin… ¡Qué atrocidad! Y dicen que le llamó diablo al gran sabio… ¡Qué disparate!… Y un estudiante le contesta desde las columnas de El Mercantil… ¡Qué horror!

Y ese compañero, me llama ahora a mí para echar los dos unos cuantos pelillos al mar entretanto me lee la carta abierta del quinto… de Medicina inserta en dicho periódico.

¡Jesús, Jesús!… ¡Qué calamidad! ¡Darwin! ¡El Transformismo!… ¡Valencia!.. ¡El Mercantil!…

¡Por Dios, hermano, que esos de El Mercantil tienen unos bigotes que dan miedo, y en eso del transformismo están muy fuertes, y si nos cogen nos hacen polvo!
Mire si saben, que en el número 4 del corriente dicen que el transformismo lo llena todo, absolutamente todo, y que así lo declaró el eminente Prelado español P. Ceferino González (¿). Y después añaden “que no se puede ser médico de verdad sin creer en el transformismo”. ¡Qué talentos! Yo no puedo acordarme de ellos sin preguntarme: ¡qué sería del mundo sin estos poseedores de la verdadera ciencia? Nosotros, los sacristanes, somos unos infelices. Así lo ha comprendido el estudiante que escribe una Carta abierta en El Mercantil del 10 de este mes cuando dice que La Semana católica, al dar la noticia del proyectado homenaje a Darwin, “lo hace con tal torpeza y mala fe que, queriendo poner en evidencia a sus organizadores, demuestra una ignorancia supina. Y más abajo añade: “los piadosísimos señores de la dicha Semana no han querido sin duda o no han sabido ilustrarse, quedando reducida su capacidad intelectual al conocimiento de doctrinas que de rutina les enseñaron en su infancia”. Así se lo han contado al buen señor.

Lo que a mí me asusta son esos párrafos de molde que los sabios emplean siempre contra nosotros los neos y nuestras doctrinas. Excelentes serán las ideas que en tales párrafos se encierran, cuando en la imprenta de ese periódico los tienen siempre preparados y creo que hasta vaciados en goma como los anuncios de la Emulsión Scout. Nosotros no podemos medir las fuerzas ni con el último aprendiz de El Mercantil.

¡Imposible! He quedado confundido al leer aquello de estudien, y a la par que se ilustran (se refiere a los de La Semana Católica) verán que, aunque no vimos el hecho de transformarse el mono en hombre podemos asegurar que así fue, porque hemos visto la colección Botet. Y yo añado: y si han subido al Tobogán, verán desde aquéllas alturas cómo se transforman en redactores de periódicos progresivos al uso, los que no eran más que unos pobres chicos.

Estudien, eso es, estudien los que engañados comenzaron la carrera.

La Semana Católica, 14 de febrero de 1909

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