Homenaje a Darwin de los estudiantes de medicina de Valencia (1909). Parte 8

Seguimos insertando artículos aparecidos en 1909 en diferentes diarios con motivo del Homenaje que dedicaron los escolares de medicina de Valencia a Darwin en 1909:

Un pensamiento a Darwin

Escritor racional de nervio y fibra, cerebro bien equilibrado, voluntad animosa, científico profundo, cruzó Darwin por la vida, arrancando a la Naturaleza sus miserias y podedumbres, y a su lira de naturalista, cantos de compasión y consuelo para el desgraciado, cantos rebeldes para todas las injusticias; cantos burlones para las divinidades paganas de las religiones más pequeñas mil veces a sus ojos que el Satanás a quien temen los pobres de espíritu.
Con su escalpelo profundizó el organismo humano, extrayendo el veneno que corroe la sangre; con su pluma, profundizó también los cerebros llevando a ellos la razón primordial del principio de todas las cosas. Su teoría sobre el “Transformismo” nos demuestra más que ningún otro de sus racionales estudios, cómo pensaba y sentía con arreglo a la razón y sin sujetarse a leyes coercitivas este grande hombre.
En los recintos del Vaticano, donde se aglomera el oro, se condena y desprecia su memoria; el público le amará eternamente; los hombres de ciencia venerarán su memoria, por ley de naturaleza, por ley de progreso.
Pasan años y siglos; deja una generación lugar a otra; sólo queda de los nombres que fueron, el recuerdo luminoso o infamante de sus hechos. No influyen ya en el juicio de la posteridad, ni el terror, ni la avaricia; y es entonces cuando el espíritu de la justicia, que duerme en la conciencia del hombre, surge avasallador y poderoso como verdadero dictador del pensamiento; señala impasible el profundo abismo del olvido para los nombres de los falsos ídolos, y envuelve con nimbo de terna memoria a los que legaron a la humanidad una conquista benéfica o sacrificio heroico.

María Marín
Valencia-Cabañal
El Pueblo, 22 de febrero de 1909

Homenaje a Darwin

Llegada de Unamuno
Según habíamos anunciado, ayer a las ocho y media de la mañana, llegó a nuestra ciudad el ilustre rector de la Universidad de Salamanca D. Miguel de Unamuno.
A la estación de Alginet salió a recibirlo una comisión de escolares.
En la estación del Norte esperaban al eminente catedrático distinguidos y sabios profesores de las distintas facultades de nuestra Universidad y otros del Instituto, Escuela Normal y demás Centros de enseñanza, numerosos amigos y admiradores y representantes de la Prensa y entidades.
En representación de El Pueblo asistió nuestro querido director D. Félix Azzati.
Al llegar el tren una estruendosa salva de aplausos y entusiastas vivas acogieron a tan ilustre huesped.
El Pueblo saluda respetuosamente y efusivamente a su antiguo colaborador y sabio doctor D. Miguel de Unamuno.

La velada
Esta noche a las nueve, se celebrará en el Paraninfo de la Universidad la solemne velada en honor del inmortal naturalista Carlos Darwin.
En ella tomarán parte los doctos catedráticos Boscá, Bartual y Casanova y D. Miguel de Unamuno, cuya presencia en esta capital ha despertado tal expectación, que ayer se habían agotado ya las invitaciones para asistir al aludido acto, y la comisión organizadora se lamentaba de no haber podido satisfacer las numerosas demandas que se le hacían.
Con ello se comprenderá la importancia de la velada de hoy.

Banquete
Se ruega a los escolares que quieran inscribirse al banquete con que se piensa obsequiar al ilustre rector de la Universidad de Salamanquina D. Miguel de Unamuno, en el Hotel de París, mañana a la una de la tarde, se pasen por el local de la Academia Médico-escolar, Mar 55, donde podrán recoger de nueve a doce de la mañana y cuatro a ocho de la tarde, las correspondientes invitaciones, previo pago de la cuota acordada.

Han quedado por completo agotadas todas las invitaciones para la velada de hoy, lo que ponemos en conocimiento de los interesados para evitarles las molestias de pasar por dicho centro a recogerlas.- La Comisión

El Pueblo, 22 de febrero de 1909

Unamuno

Valencia tiene la honra de albergar por muy corto tiempo a Miguel de Unamuno, el sabio rector de la Universidad de Salamanca. ¿Es necesario hablar del gran pensador? Quizás, sí. No es España tierra agradecida para sus más preclaros hijos, apenas conocidos por una ínfima minoría.  Y ¿quién es Miguel de Unamuno? ¿A qué escuela pertenece? Es un fustigador de todo convencionalismo, un formidable iconoclasta. Es una voluntad, un alma. Costa preconiza la necesidad de que vaciemos en España millón y medio de hombres si queremos redimirla. Unamuno pertenece ya a esa legendaria falange que cruzó la imaginación portentosa del filósofo de Graus. Es un atleta de la mente, un constructor de pueblos. Se le combate, llamándole paradojista, si bien es cierto que el epíteto brotó de plumas que ignoran cuán sublimes y reales son casi todas las paradojas. Pero el delicioso autor de “Amor y pedagogía”, a pesar de sus enemigos tocó ya con las manos el cielo de la fama. A semejanza del gigante de una fábula griega, cuanto más se trata de vencerlo más formidable y enhiesta eleva su estatura.

¿El estilo, la escuela? La suya. No tiene semejanza con escritor alguno europeo. No tiene contacto con ninguna mentalidad. Es él, grande casi siempre, nimio algunas veces, abstruso otras, turbulento con agitaciones de inspiración y nerviosismos creadores. Hay que analizar lo suyo, no leerlo. Meditarlo, desentrañarlo. No es escritor de masas. Es artista de acres exquisiteces; hermoso en la concepción, casi siempre ciclopea, flagelador, despiadado y tal es su independencia que jaás hipotecó al miedo, quizás ni al respeto, una sola de sus ideas.

Unamuno es un gran español, y aun si no temiera aventurarme en sus intimidades, diría españolista. Trabaja en la preparación del porvenir de la patria, estudiando los problemas morales y políticos, estimulando con sus latigazos el perezoso espíritu de dejamiento en que vivimos.
Resuene su voz en nuestra tierra mediterránea. Hable aquí el nobilísimo filósofo. Lo escuchará con amor y admiración fervorosos un pueblo de alma nueva, de las que ama Unamuno.

Félix Azzati
El Pueblo, 22 de febrero de 1909

Adorno

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