Nicolas Leblanc (1742-1806)

 

Nicolas Leblanc nació el día 6 de diciembre de 1742 en Ivoy-le-Pre (Francia). Su padre, que trabajaba en la extracción de hierro, falleció en 1751 cuando éste tenía nueve años. Fue enviado a Bourges para vivir con el médico Dr. Bien, amigo íntimo de la familia. Fue por su influencia que se interesó por la medicina. Cuando éste murió en 1759, Leblanc ingresó en la Escuela de Cirugía de París. Una vez que obtuvo el grado, abrió una consulta. La condición de cirujano no gozaba entonces del prestigio que llegó a tener años más tarde. En 1775 se casó y tuvo un hijo. Los ingresos eran escasos y se vio obligado a aceptar en 1780 un puesto de médico de la Casa del duque de Orleans. Una vez su situación económica mejoró decidió estudiar química y dedicarse a la investigación con el apoyo financiero del Duque [1].

Nicolas Leblanc
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En 1770 la cátedra de Medicina del Collège de France se transformó en cátedra de Química. Jean Darcet (1725-1801) fue su profesor en 1775 quien, contrariamente a lo que era habitual, no usaba traje académico y daba las clases en francés en vez de latín. Algunos médicos se interesaron por estas clases, entre ellos Leblanc, donde conoció a Fourcroy, Vauquelin y Berthollet. Como entretenimiento Leblanc se montó un laboratorio para hacer experimentos, especialmente sobre la cristalización. En 1786 mandó sus resultados a la Academia de Ciencias. Esta institución le recomendó que hiciera una colección completa de sales cristalizadas, pero coincidió con la Revolución y las agitaciones posteriores que provocaron su disolución. Sin embargo, en 1794 el Comité de Instrucción Pública le dijo que continuara y se ofreció para apoyar sus trabajos. De nuevo los problemas sociales y políticos lo impidieron. Más tarde pudo publicar los resultados de sus hallazgos con el título Cristallotechnie (1802) [2].

Darset estaba buscando un procedimiento para obtener niquel. Conociendo los trabajos de Leblanc le encargó que buscara un método para la obtención de este metal puro, pero no llegó a alcanzar conclusiones de relieve que se publicaron doce años después, en 1794. Sí tuvo éxito, en cambio, en su proyecto de obtener sosa de fuentes no orgánicas, asunto que empezó a investigar hacia 1884. En esa época se utilizaban las cenizas de madera, materia que comenzaba a escasear en Europa. La mayor parte del carbonato sódico que se utilizaba en Francia para la industria textil y de jabones se importaba de España a precios elevados. Si se compraba a otros lugares, como Rusia o América, el transporte encarecía todavía más el producto. Se pensó entonces en obtener la sosa a partir de la sal marina.

Tan importante era el tema para Francia que Luis XVI ordenó a la Academia de Ciencias que ofreciera un premio o recompensa para la persona que inventara un procedimiento eficaz. El premio ofrecido ascendía a 12.000 francos [3]. Leblanc solicitó al Duque de Orleans apoyo económico y éste se lo concedió a cambio de que se uniera al equipo Jean Darcet. Leblanc instaló un laboratorio en la Universidad de París. Después de varios meses de trabajo y de diversas tentativas, parece que alrededor de 1786 llegó a aislar cristales de sosa a partir de sulfatos, carbón y piedra caliza. Después llegó a un procedimiento estándar en tres fases. En la primera se hacía reaccionar la sal común con ácido sulfúrico para producir sulfato sódico y clorhídrico. En la segunda, el sulfato sódico se calcinaba con caliza y carbón obteniendo una mezcla de cenizas que contenían una cantidad variable de sosa. Después se sometían las cenizas a lixiviación para separar la sosa y posterior concentración y cristalización de la misma [4].

El 27 de enero de 1790 se llegó a un acuerdo entre Leblanc, Michel Dize 1764-1852) y el administrador del Duque, Henri Shée (1739-1820) [5], por el que Leblanc se comprometía a proporcionar los detalles del proceso. En 1791 solicitó la patente. Un comité de químicos estudió el tema y reconoció que se trataba de un procedimiento nuevo y superior a todos los existentes hasta el momento. Recomendaba que, por razones políticas y económicas, merecía el estímulo de la nación. Se concedió una patente secreta a Leblanc el 26 de septiembre de 1791 que le otorgaba todos los derechos durante quince años [6].

Con las aportaciones del Duque se construyó una fábrica en St. Denis, una aldea cercana a París, y se comenzó a producir 250 kilogramos por día [7]. Sin embargo, la inestabilidad política trajo consigo escasez de potasa porque era necesaria para producir pólvora. Por otro lado, se arrestó al Duque y se confiscaron todos sus bienes incluidos los de la planta productora de sosa. Éste se creía a salvo ya que, oportunamente, había votado en la Cámara en enero de 1793 a favor de la muerte de su primo el rey Luis XVI. Fruto de los ímpetus revolucionarios, el 6 de noviembre de ese año, él siguió la misma suerte de la guillotina. Se ordenó a Leblanc a que revelara los secretos de su procedimiento, se desmanteló parte de la fábrica y se dispersó a los obreros. Leblanc pasó de estar al borde del éxito financiero a la pobreza absoluta. Hay que tener en cuenta que la Revolución, que comenzó en 1789, se extendió hasta final de siglo. Poco tiempo después el Comité de Salud Pública intentó remediar las consecuencias desastrosas del hecho y reunió a una serie de expertos para solucionar el problema, pero fueron incapaces. La realidad es que el gobierno estableció plantas productoras de sosa en otros lugares.

Desde 1792 Leblanc trabajó para el gobierno como administrador del Departamento del Sena, pero no recibió salario alguno. En 1794 fue nombrado miembro del Comité del salitre, pero se disolvió seis meses más tarde [8]. Ocupó después un puesto en la Comisión de Artes, que dependía del Comité de Instrucción Pública y en la que figuraban también Vauquelin y Berthollet. Su misión era determinar las necesidades de la nación en materia de instrucción pública, artes, ciencia, industria, bibliotecas departamentales y de investigar la riqueza minera de Francia. También tuvo que realizar inventarios de los libros y documentos incautados a órdenes religiosas y casas en las que se había ejecutado a alguien; entre otros se le encargó el inventario del laboratorio de Lavoisier para su posterior venta en 1794 [9]. También fue informador de los hospitales, lo que demostró sus amplios conocimientos sobre higiene [10]. Los problemas políticos seguían y había un deseo de volver a la normalidad.

En 1795 una Comisión temporal de artes de los departamentos de Tarn y Aveyron, encargó a Leblanc que estudiara los pasos necesarios para reconstruir la actividad minera. Fue nombrado director de una explotación de cobre y alumbre de Saint-Georges. Leblanc envió varios trabajos y colecciones de minerales y de cristales. Además también visitó las comunidades religiosas para ver los libros que se les incautaban y cómo podían catalogarse. Esto se hacía de forma voluntaria, pero Leblanc sugirió que se pagase por estas tareas con el fin de que los libros y manuscritos estuvieran disponibles para el público lo más pronto posible [11]. Aunque a él se le prometió una retribución de 5.000 libras, nunca la consiguió y regresó a París un año después en una situación económica desesperada [12]. Dos años después de su regreso envió un informe completo de sus hallazgos a la Agencia de Minas, una extensa documentación que pone de manifiesto su gran capacidad [13]

En 1798 realizó estudios sobre las sales de niquel. Mejoró los procesos de preparación y de purificación de sus sales y la separación del arsénico de los metales. Luego se puso a trabajar en la obtención de amoníaco a partir de residuos animales, lo que consiguió y fue constatado por Vauquelin y Fourcroy. Solicitó al gobierno una patente exclusiva y los permisos para instalar una planta productora [14]. No logró absolutamente nada. Hizo varios intentos para encontrar un puesto de trabajo, pero sin éxito. Su hija de 16 años enfermó de parálisis y falleció seis meses después.

Leblanc intentó ser recompensado por su descubrimiento. El Departamento de Salud Pública le concedió finalmente 3.000 francos por los servicios prestados, de los que sólo le llegaron 600. Cualquier pretexto era bueno: la guerra, los cambios políticos, el estado financiero del país… Pretendió recuperar la fábrica de St. Denis, pero durante los años de inactividad ésta había envejecido y muchos de los instrumentos habían sido confiscados y vendidos como antes se ha señalado. Mientras tanto otros abrieron plantas nuevas y más productivas.

El proceso de Leblanc era ya conocido y utilizado en muchas partes. En noviembre de 1804 los jueces determinaron que el gobierno debía pagarle 52.473 francos, cifra lejana a la que había solicitado. Cayó en una depresión profunda y se quitó la vida en su despacho disparándose un tiro a la cabeza el 16 de enero de 1806. Dize obtuvo la planta de producción de sosa de Leblanc de su familia, por una deuda. Después pretendió reclamar los derechos de Leblanc.

Medio siglo después, a título póstumo, el Segundo Imperio reconocía oficialmente su condición de inventor de la sosa artificial y concedía a sus descendientes una renta. Su método para obtener sosa estuvo vigente durante casi cien años hasta que en 1870 Solvay ideó el suyo. Los Ingleses sacaron más partido al procedimiento de Leblanc que los franceses [15].


José L. Fresquet Febrer. Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero (Universitat de València-CSIC). Diciembre de 2014.

 

Bibliografía

—Burke, , John G. Origins of the science of crystals, Berkeley-Los Angeles, University of California press, 1966.

—Esteban Santos, Soledad. Química y cultura científica. Madrid, UNED, 2008.

—Daintith, John; Mitchell, Sarah, and Tootill, Elizabeth, A Biographical Encyclopedia of Scientists, Volume 2, Facts on File, 1981.

—Fox, Robert. Leblanc, Nicolas, En: Gillispie, Ch. C. (Ed), Dictionary of Scientific Biography, New York, Charles Dcribner’s Sons, vol. VIII, 1973, pp. 113-114.

—Gillispie, Chales C. The Discovery of the Leblanc Process. Isis, 1957; 48: 152-170.

—Kutney, Gerald. Sulfur. History, Technology, Applications & Industry. ChemTec Publishing, 2000.

—Nicolas Leblanc. Encyclopedia of World Biography, 2004. En: Encyclopedia.com Disponible en: http://www.encyclopedia.com/topic/Nicolas_Leblanc.aspx Consultado el 19/11/2014.

—Oesper, Ralph E. "Nicolas Leblanc (1742-1806)". Journal of Chemical Education 1942;19: 567-572, 1943; 20:11-20.

—Scheurer-Kestner, M. Nicolas Leblanc et la soude artificielle. Extrait de la Revue Sccientifique, 28 mars 1885. Paris Bureau des Deux Revues, 1885.

Notas

1. Nicolas Leblanc. Encyclopedia of World Biography, 2004.
2. Scheurer-Kestner, M. (1885), p. 5. Véase también, Burke, J.G. (1966), pp.113-115
3. Scheurer-Kestner, M. (1885), p. 5
4. Esteban Santos, S. (2008), pp. 90-92. Véase también: Szabadváry, F. History of Analytical Chemistry. London, Pergamon Press, 1966, p. 198-199, y Fox, R. (1973), p. 113
5. Scheurer-Kestner, M. (1885), p. 6
6. Oesler, R. (1942), pp. 571-572
7. Scheurer-Kestner, M. (1885), p. 7-8. Véase también Fox, R. (1973), pp. 113-114.
8. Nicolas Leblanc. Encyclopedia of World Biography, 2004
9. Oesler, R. (1943), p. 12
10. Scheurer-Kestner, M. (1885), pp. 8-11
11. Oesler, R. (1943), p. 13
12. Scheurer-Kestner, M. (1885), pp. 11-13
13. Oesler, R. (1943), p. 13
14. Scheurer-Kestner, M. (1885), pp. 14-15
15. Kutney, G. (2000), pp. 31-36. Véase también Nicolas Leblanc. Encyclopedia of World Biography, 2004