Universitat de València > Licenciatura de medicina > Textos de José L. Fresquet

2.La medicina en la Edad Media


2.4. Medicina árabe

2.4.1. Características generales y principales protagonistas
Después de la muerte de Mahoma en el año 632, el Islam se extendió rápidamente y llegó a adquirir una riqueza extraordinaria, hasta la derrota de Poitiers en el año 732. Es costumbre distinguir entre

—el califato de Oriente (Damasco, Bagdad) y

—y la del emirato y el califato de Occidente (Córdoba).

La cultura islámica, no obstante, durante este largo periodo fue homogénea.

La medicina anterior a Mahoma era de tipo empírico-creencial, pretécnica, pero pronto entró en contacto con el pensamiento científico y la medicina técnica. Monoteismo mahometano y helenidad coincidieron geográficamente. Los árabes no tardaron en asimilar y recrear la ciencia, surgiendo importantes figuras como Rhazes, Alí-Abbas, Avicena, Abulqasim, Avenzoar y Averroes, entre otros.

Partiendo de las máximas de Mahoma: "Quien deja su casa para dedicarse a la ciencia, sigue los caminos de Alá", "Buscad el saber, aunque hayáis de ir a China", los árabes se lanzaron a traducir y a hacer suyos los textos helénicos y siriacos que contenían conocimientos que desconocían. Así fueron conociendo las obras de Hipócrates, Platón, Aristóteles, Dioscórides, Ptolomeo, Galeno y de otros tantos. Varios califas fueron los promotores de esta gran actividad que tuvo su centro en la llamada "Casa de la sabiduría" de Bagdad, ubicada junto al palacio califal. Aquí, el médico Hunain Ibn Ishâp (siglo IX), tradujo una buena parte de las obras hipocráticas, la mayoría de obras de Galeno, la Materia médica de Dioscórides y abundantes textos bizantinos. Se consolidó así el dominio del sistema de Galeno en la medicina islámica y, más tarde, en la europea, como veremos. No hay que olvidar que los árabes también tradujeron textos médicos indios, de los cuales la colección atribuida a Susruta influyó de modo notable en la orientación de la cirugía.

En los siglos X y XI la medicina de la parte oriental alcanzó su máximo brilllo y comenzó a despuntar la de la parte de occidente. En Córdoba surgió un foco intelectual (filosófico, científico y médico) comparable al de Bagdad.

De este periodo cabe destacar a Rhazes y Avicena (980-1037).  El primero fue un agudo observador de los fenómenos que aparecen en las enfermedades, escribiendo, entre otras, una obra sobre la viruela y el sarampión, que muchos consideran como la mejor monografía clínica de toda la Edad media.

Rhazes
Imagen recreada de Rhazes

Texto: Las viruelas y el sarampión. Rhazes (860-932)

"La erupción de viruelas está precedida por fiebre continua, dolor de espalda, prurito nasal y ensueños terroríficos. Éstos son los síntomas más característicos de su próxima aparición, en especial dolor de espalda con fiebre. El enfermo siente también pinchazos por todo el cuerpo; tensión en la cara, que a veces desaparece y vuelve; color rojo intenso de ambas mejillas; los ojos asimismo enrojecidos; pesadez de todo el cuerpo y gran desasosiego, que se manifiesta con desperezos y bostezos; dolor en la garganta y el pecho, con ligera dificultad para respirar y tos; sequedad de boca, esputos espesos y ronquera; dolor y pesadez de cabeza; inquietud, angustia, náuseas y ansiedad (que son más frecuentes en el sarampión, mientras que el dolor de espalda es más propio de la viruela); calor en todo el cuerpo, color rojo brillante y, especialmente, color rojo intenso del sudor.

Cuando veas estos síntomas o algunos de los peores (como dolor de espalda con ensueños teroríficos y fiebre continua, puedes asegurar que está próxima la erupción de una de estas dos enfermedades. En el sarampión no hay tanto dolor de espalda como en la viruela; y en ésta no existen tantas náuseas y ansiedad como en el sarampión, a no ser que se trate de viruelas de la peor clase".

[Traducción de José M. López Piñero. En: Antología de clásicos médicos. Madrid, Triacastela, 1998, p. 97]

Avicena dejó más de doscientas obras de temas diversos (medicina, filosofía, teología, ciencia, etc.). Entre ellas el Canon, cima de la medicina medieval. Éste se divide en cinco libros, dividido cada uno en disciplinas, tratados, secciones y capítulos. Muy pegado a la obra de Galeno, la expone de manera personal incluyendo, a veces, novedades importantes. Fue el tratado médico de mayor autoridad en el mundo árabe y, a través de su traducción al latín, también en Europa.

Avicena
Imagen recreada de Avicena

Durante los siglos XII y XIII fueron los médicos de al-Andalus los que despuntaron, aunque con anterioridad ya lo había hecho Abu I-Qasim ben al-Abbas az-Zahrawí, conocido universalmente como Albucasis (siglo X). Albucasis escribió una enciclopedia médica cuya parte quirúrgica fue la principal fuente de la cirugía posterior, tanto islámica como europea.

En los siglo XII y XIII podemos mencionar al cordobés Muhammad al-Gafiqi, uno de los clásicos de la oftalmología medieval. El sevillano Avenzoar fue un excelente observador clínico, como Rhazes, en cuya producción sobresalen sus descripciones de los síntomas de las enfermedades del corazón y de los oídos, así como del minúsculo parásito que produce la sarna.

Averroes o Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushfue el comentador por excelencia de Aristóteles. De tema médico escribió el Liber universalis de medicina, un tratado sistemático como el Canon de Avicena, pero más libre de pensamiento y enriquecido por su interés en concordar a Aristóteles con Galeno. Nació en Córdoba en 1126 y murió en Marrakech en 1198.

Junto a éstos hay que mencionar también al judío cordobés Maimónides (1135-1204). Lo que Averroes fue para la fé del Islam lo fue éste para la fé de Israel. Bajo la sombra de Arsitóteles racionalizó filosóficamente la religión de su pueblo.

Otro andalusí digno de mención (siglo XIII) fue Ibn al-Baytar que recopiló las virtudes de más de 1500 remedios y alimentos (1000 procedentes de las fuentes clásicas y 500 de origen árabe).

En el siglo XIII en la parte oriental destacaron Ibn Abí Usaybia y el sirio-egipcio Ibn an-Nafís. En su repertorio biobibliográfico Fuentes de información sobre las clases de médicos, Usaybia proporciona noticias de 399 médicos y naturalistas, Se le considera como uno de los iniciadores de la historia de la medicina. Se ocupó de estudiar las traducciones de la Materia médica de Dioscórides no sólo en el Bagdad del siglo IX, sino en la Córdoba del siglo siguiente, así como de la forma en la que su contenido se enriqueció gracias a las aportaciones de los tratadistas islámicos de materia médica que llegaron a triplicar el número de plantas conocidas en la Antigüedad clásica.

El segundo, Ibn an-Nafís, trabajó como médico en los hospitales de El Cairo, capital de Egipto, durante la segunda mitad del siglo XIII. Escribió un resumen del Canon de Avicena, que alcanzó gran difusión. Fue uno de los descubridores de la circulación menor de la sangre aunque este hecho permaneció desconocido hasta 1924. Llegó a formular esta idea como resultado del razonamiento y no de la experimentación. Éste médico cierra la época creadora de la medicina musulmana.

Página Ibn an-Nafis
Copia hecha posiblemente en la India (s.XVII-XVIII)
de un texto de Ibn-an-Nafis

4.2.2. Noticia sobre los contenidos y práctica de la medicina árabe
El conocimiento de la persona y sus vicisitudes, entre ellas la enfermedad, que tuvieron los árabes mezcla dos tipos de saberes:

—los inherentes a su monoteísmo y creacionismo,
—y los que procedían de su asimilación de la cultura griega (el hombre, conjunto de elementos, órganos y funciones).

El alma de los hombres, creación de Dios, es una sustancia inmortal y espiritual que anima el cuerpo y con él como instrumento realiza las actividades que los griegos habían enseñado a distinguir: vegetativas, sensitivas (vitales y cognoscitivas) y racionales. Para que el alma pudiera cumplir sus altas funciones racionales requiería de la intervención de un principio extrínseco: el "intelecto agente". Laín opina, sin embargo, que les faltó a los pensadopres árabes la idea suficiente de libertad humana y sus posibilidades.

Los tratados sistemáticos de medicina árabe comienzan con una exposición sistemática basada en la fisiología de Galeno, que comprende la anatomía, estequiología y la fisiología del cuerpo humano. Los árabes no realizaron disecciones y su conocimiento anatómico fue escaso. Introducen, no obstante, orden conceptual y metódico.

En el terreno de la fisiología Avicena introdujo dos conceptos nuevos: "acción o potencia activa" y el de "facultad del alma" para comprender el movimiento de los órganos y la efectiva puesta en acto de las "virtudes" o "potencias" de cada una las dynámeis de los griegos. Los árabes añadieron a la configuración del galenismo las "seis cosas no naturales" como complemento de las naturales (humores, espíritus, órganos, etc.). Las no naturales pertenecen a la naturaleza propia del organismo individual y son el aire, la comida y la bebida, el movimiento y el reposo, el sueño y la vigilia, la vacuidad y la replección, y los afectos del alma. Según Avicena son "factores necesarios para la vida".

En lo que hace referencia al concepto de enfermedad sigue siendo el galénico. Las seis cosas no naturales son causas externas de enfermedad, cuando en ellas se producen alteraciones cuantitativas o cualitativas capaces de quebrantar morbosamente el estado de salud. Junto a éstas los médicos árabes también distinguieron las causas dispositivas o antecedentes y las causas internas o conjuntas. Tuvieron muy en cuenta los signos de enfermedad, imprescindibles para la diagnóstico y para el pronóstico. Clasificaron las enfermedades con arreglo a dos criterios: uno fisiopatológico, y otro clínico que, a veces, no coincidían. Según el primero había enfermedades de los humores y de las cualidades elementales, de las partes similares, de los órganos y del cuerpo en su conjunto. Por otro lado, también describieron gran número de enfermedades desde el punto de vista clínico y nosográfico; entonces la ordenación es de cabeza a los pies. Rhazes fue superior en lo que a nosografía del Islam se refiere. Avicena, en cambio, fue mejor clínico.

En lo tocante a la práctica médica hemos de señalar que para los árabes hubo una medicina del alma (teología) y la medicina del cuerpo (medicina). Cuando un médico lograba la excelencia intelectual y ética del sabio, se le equiparaba al juez, al imam y al gran jefe militar o emir. Los médicos aprendían teoría y práctica y había discusiones de si debían empezar por la primera o bien lanzarse desde el principio a practicar junto a un médico. Completaban la formación la asistencia en hospitales, la memorización de compendios en verso, el adiestramiento en preguntas y respuestas, y la lectura de compilaciones y tratados desde muy temprano.

La institución educativa por antonomasia fue la madrasa o escuela, situada dentro de la mezquita o junto a ella. La enseñanza consistía en la lectura y comentario de los textos didácticos. Después las escuelas añadieron bibliotecas, pensionados, relación con los hospitales, etc. pasando a ser una especie de academias. Las hubo en ciudades importantes. Podemos afirmar que en la medicina árabe fueron constituyéndose poco a poco organizaciones profesionales médicas.

En íntima relación con la escuela y el hospital surgieron los gremios. Hubo obligación de estudiar y de examinarse para obtener un título que permitía ejercer. Los hubo de varios tipos: hakim, tabib, el de simple práctico o mutatabib y el de mero práctico o mudawí.

En lo tocante al tratamiento siguió el esquema clásico. La dietética fue para los árabes la adopción de un modo de vida ordenado hacia la total perfección de la persona. Respecto a la farmacología, junto a la Materia médica de Dioscórides se situó una importante farmacopea iraní e india, como hemos dicho. La cirugía árabe llegó a ser muy importante y hubo muchos autores que escribieron sobre la misma (Rhazes, Alí Abbas, Avicena y, sobre todo, Abulqasim). Este último recopiló gran cantidad de instrumentos y aunó intervención quirúrgica y farmacoterapia. La especialidad que más cultivaron los árabes fue la oftalmología.

Respecto a la asistencia hay que tener en cuenta tres hechos: la tecnificación del saber, la religiosidad coránica y el carácter señorial de la sociedad.

Aquí también se dio una medicina en función de los niveles socioeconómicos. Desde el siglo VIII hubo hospitales en las grandes ciudades. La actitud caritativa ante el enfermo que prescribía el Corán fue el principal motor de estas fundaciones.

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