Universitat de València > Licenciatura de medicina > Textos de José L. Fresquet

2.La medicina en la Edad Media


2.5. La Medicina en la Europa medieval

El año 476 fue el final del Imperio romano en Occidente, aunque el hundimiento venía produciéndose desde principios del siglo V por las sucesivas invasiones de los pueblos germánicos. Lo que sucedió desde entonces y hasta 1453, año en que los turcos tomaron Constantinopla, entre el Imperio Bizantino y el Océano Atlántico, es lo que llamamos Edad Media de la Europa occidental. Durante este periodo fueron constituyéndose las nacionalidades de la Europa moderna.

Para el estudio de la medicina de la Europa medieval, igual que ha sucedido en los capítulos anteriores, deberemos tener en cuenta el helenismo, el monoteísmo y la sociedad señorial. Sin embargo, en esta zona, tuvo cabida un estilo nuevo y distinto, algo que traían consigo los pueblos invasores del norte.

Dividamos el periodo en dos etapas separadas por la asimilación de la medicina clásica de origen griego. Ésta se inició en la ciudad italiana de Salerno durante los siglos XI y XII, y culminó con la labor sistemática de traducción realizada en Toledo y en otras ciudades españolas a lo largo de los siglos XII y XIII.

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2.5.1. Primera etapa: siglos V-XI
La medicina que se practicó en la Europa medieval durante este periodo fue, según Laín, “cuasitécnica”, para indicar que no fue del todo empírico-creencial ni tampoco formalmente técnica. En esta época ya son contadas las personas que podían leer griego, y las pocas escuelas retórico-científicas del sur de Francia y de Italia empezaron a desaparecer .

Se conservó una parte de los manuscritos griegos y romanos de medicina. Los que los utilizaron fueron médicos profesionales nativos de las provincias o naciones de la incipiente Europa (ostrogodos, visigodos o francos), otros bizantinos, otros judíos, especialmente frecuentes en la Península Ibérica. Primero fueron médicos seglares y, a partir del siglo VI, surgieron los sacedotes médicos. Los nacientes monasterios benedictinos comenzaron a recibir y atender enfermos.

En la constitución del saber médico tuvieron repercusión pensadores de la Baja Edad Media. Entre éstos podemos mencionar a Boecio (480-524), pieza fundamental en la transmisión del pensamiento filosófico griego al mundo cristiano medieval; Casiodoro (490-583), que fundó en el sur de Italia una escuela para el cultivo de las ciencias profanas y que influyó en la formación médica de los monjes; San Benito de Nursia (480-543); San Isidoro, que escribió las Etimologías y De naturas rerum influyendo también en la estimación medieval del arte de curar.

Casiodoro aconsejaba a sus discípulos que leyeran a Hipócrates, a Galeno a Celio Aureliano y que conocieran las virtudes de las plantas. Un grupo de autores anónimos reunidos en la corte de Benevento (siglos IX o X) difundieron los rudimentos de la teoría humoral, la doctrina de las cualidades elementales y la clasificación de las enfermedades en agudas y crónicas.

Durante la época de Carlomagno se produjo un auge de las ciencias y las letras entre los siglos VIII y IX. Alcuino (733-804) fundó la Escuela palatina en Aquisgrán, que incluía el saber médico. El monje Dungalo reclamó un puesto —el octavo— para la medicina entre las artes liberales. Carlomagno ordenó la enseñanza regular de la medicina y después prohibió de forma expresa el recurso a prácticas supersticiosas, aunque esto no significa que siguieran existiendo.

Fueron los monasterios y las escuelas catedralicias los lugares donde se conservó y cultivó el saber médico durante esta etapa: Monte Cassino, San Gall, Poitiers, Lisieux, Soissons, Lyon, Reims, Fulda, Reichenau, Bobbio, Cremona, Vicenza y otros.

Otro hecho importante a tener en cuenta es que las Escuelas capitulares, como las de Reims, Chartres, Colonia y Mardeburgo, dieron un paso adelante al fundar los "estudios generales" y las Universidades del siglo XIII.

La religiosidad cristiana de Occidente o el modo europeo de religiosidad cristiana, se fraguó gracias a San Agustín, Boecio, Casiodoro, San Benito, San Isidoro y los evangelizadores de los países germánicos y anglosajones. Los componentes de la naciente Europa fueron Grecia, Roma, el cristianismo y la germanidad. Obsérvese que aquí aparece un elemento nuevo: la germanidad. El cristianismo europeo tiene unas notas distintivas:

—permanente necesidad de cambio y progreso;
—incorporación de las conquistas valiosas de los demás hombres;
—la conquista de la realidad propia, de la individualidad;
—concesión de importancia al mundo o al cosmos que se ve y al mundo histórico.

Todas estas características se fueron haciendo patentes a medida que avanzó la Edad Media.

En lo que se refiere a la praxis médica hay que tener en cuenta:

Consideración cristiana del enfermo: Como dice la regla benedictina: “El cuidado de los enfermos debe ser ante todo practicado como si, dispensándolo a ellos, al mismo Cristo se le dispensase”. De este espíritu nacieron establecimientos de enfermerías en los monasterios para los miembros de la comunidad, los pobres del contorno y los peregrinos, así como las primitivas visitas domiciliarias que hacían los monjes.

Esta situación tuvo lugar en una sociedad feudal, una sociedad ordenada en tres estamentos: los bellatores u hombres que hacen la guerra y mandan; los oratores u hombres que rezan, los clérigos; los hombres que trabajan, los siervos. Esta ordenación se cree además inamovible, intocable, natural o instituida por Dios. Se pierde ese análisis de que las cosas actúan según lo que ellas en sí y por sí mismas son.

Las reglas de San Benito, sin embargo, se fueron degradando. Se debió a varios motivos:

a) En el Monasterio de San Gall, por ejemplo, aparecen el infirmarium para los monjes en la parte oriental de la Iglesia; el hospitale pauperum, para pobres y peregrinos, situado al poniente del templo, junto a las puertas del monasterio; y una casa para huéspedes ricos, al norte, cerca de la residencia del abad. Después se añadieron un hospital para novicios y conversos y una leprosería. Este esquema se repetirá siempre a lo largo de muchos siglos.

b) La asistencia medica se “profesionalizó” poco a poco, se alejó de la caridad y penetró en ella el afán de lucro. A partir del Concilio de Clermont (1130) se prohibió ejercer la medicina a los clérigos.

c) Las prácticas milagreras y supersticiosas perdieron importancia: "Dios ayuda más al enfermo a través de las humildes hierbas".

Hubo también durante la Alta Edad media médicos seglares o laicos, tanto cristianos como judíos. En el reino de Teodorico hubo, por ejemplo, una clase médica relativamente organizada. Lo mismo sucedió en la Hispania visigótica, donde puede hablarse de unas disposiciones de las Leyes Wisigothorum relativas a la asistencia médica.

Faltan documentos para saber cómo se aprendía la medicina y cómo se ejercía. Parece que en terapéutica se administraban de forma empírica remedios vegetales y se daban consejos dietéticos. También se practicaba una cirugía muy rudimentaria.

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2.5.2. Segunda etapa: siglos XI – XV
A partir del siglo XI comienza a tecnificarse lo que hasta entonces había sido un simple “oficio de curar”. Esto se dio gracias a una autoexigencia, a la arabización, a la secularización y racionalización.

En el sur de Nápoles se fundó en el siglo X una escuela, conocida como Escuela de Salerno, institución médica laica a la vez docente y asistencial al modo de las escuelas de la Antigüedad clásica. Hasta el siglo XI la actividad que parece que desplegó fue puramente pragmática. Fue a partir del impulso que le dio Constantino el Africano cuando cobró importancia.

Constantino el Africano fue un comerciante del norte de África, cerca del actual Túnez, que contactó con Alfano, médico de Salerno, y que viajó a instancias de éste por el mundo islámico para conocer bien su medicina. Convertido después al cristianismo e instalado como monje del monasterio benedictino de Monte Cassino, situado al norte de Salerno, tradujo al latín una treintena de escritos médicos árabes. Con esta iniciativa la medicina de Salerno entró en una nueva etapa hasta los primeros años del siglo XIII.

Se escribieron varias obras. Cofón el Joven fue autor de una Anatomia porci (Anatomía del cerdo), que se usó para la enseñanza de la anatomía, y de un Ars medendi, manual sistemático del arte de curar; Arquimateo escribió De instructione medici, que nos ilustra de lo que entonces fue el ejercicio clínico; Mateo Plateario el joven compuso un comentario al Antidotarium de Nicolás Prepósito, conocido como Circa instans, sus dos primeras palabras, entre otras.

Destacaron las obras anónimas De aegritudinum curatione, tratado de patología y terapéutica especiales y Regimen sanitatis Salernitanum, poema didáctico dedicado a la dieta. Este último llegó a gozar de éxito hasta mediados del siglo XIX. También se puede mencionar la Practica chirurgiae de Rogelio, lo que indica que se practicó una cirugía muy superior a la de la Alta Edad Media.

Cuando Salerno alcanzó su madurez, al otro lado de los Alpes, la Escuela capitular de Chartes llegaba a su cima. Guillermo de Conches y Juan de Salisbury fueron dos de sus representantes. El primero enseñó en Chartres entre 1140 y 1150 y ofreció conceptos y orientaciones a los médicos hábidos de conocer científicamente la naturaleza humana. Se dedicó, sobre todo, a la cosmología y antropología; se apoyó en Platón y recurrió también a Constantino el Africano. Por su parte el agudo pensador inglés Salisbury (ca 110-1180), fue autor de la obra Metalogicus, donde hizo una crítica a la aparatosa y exagerada doctoralidad que ya por entonces era habitual en muchos médicos, y a la propuesta de una formación armoniosa asentada sobre la experiencia, la razón y la atenta lectura de textos antiguos.

Dentro de este periodo se dio también un proceso de arabización del saber médico, que duró 300 años (1000-1300). Se produjo, a la vez, en dos fases: una de recepción y otra de asimilación. La penetración se hizo en varios escenarios: Ripio, Sicilia, Salerno, Toledo.

Especial mención merece la iniciativa del arzobispo Raimundo de Sauvetat de reunir a un grupo de traductores en Toledo entre 1130 y 1140 que se extendió hasta la muerte de Alfonso X el Sabio (1284). Toledo era una ciudad conquistada por los árabes en 1085 cuya vida urbana se caracterizaba por la libertad intelectual, idiomática y religiosa. Árabes, judíos y cristianos gozaban de los mismos derechos. Se constituyó así en la puerta de entrada del saber grecoárabe en la Europa occidental. Los escritos de Hipócrates, Galeno, Rhazes, Avicena, Abulqasim, Aristóteles y otros textos científicos y filosóficos entraron así de lleno en Europa.

En la primera mitad del siglo XII destacó el equipo que formaron el judío Juan Avendahut Hispano, que hacía las traducciones del árabe al castellano, y el eclesiástico Domenicus Gundisalvus (Domingo González), que vertía los textos castellanos al latín. Durante la segunda mitad de la centuria, la figura central fue Gerardo de Cremona, que dirigió un grupo numeroso del que formó parte Marcos Toledano.

Desde el siglo XII al XIII la situación pedía nuevas instituciones y métodos renovados para la transmisión del saber. Se produjo el tránsito de las escuelas capituales a los “Estudios generales” y a las Universidades. De entre las escuelas la que tuvo más importancia fue la de Montpellier, parecida a la que hubo en Salerno. En el siglo XII ya tenía estatutos propios y en el XIII, coincidiendo con el declinar de Salerno, heredó su prestigio. Durante su periodo de esplendor estuvo ligada a la Corona de Aragón. Su representante máximo fue Bernardo Gordon, profesor y autor de varios escritos médicos.

Entre los siglos XIII y XIV van surgiendo las universiaddes: Bolonia, París, Oxford, Salamanca, Cambridge, Nápoles, Tolosa, Padua, Viena y otras más, promovidas por la Iglesia, el poder real y el municipio. Al principio la medicina no era uniforme en todas ellas, aunque después adoptaron el esquema de las cuatro facultades: Teología, derecho, medicina y artes. En todas ellas imperaba el mismo espíritu y método, que llamamos escolástico.

Durante esta etapa podemos hablar de:

a) Compilaciones enciclopédicas, como las de San Alberto Magno y Vicente de Beauvais. Sus obras resumen de forma objetiva el saber de cientos de autores, filósofos, escritores y médicos acerca de las más diversas realidades de la naturaleza.

b) Iniciativa del método experimental y de la ciencia combinatoria. La obra más destacable en este sentido fue la de Rogerio Bacon quien comenzó el conocimiento matemático-experimental del mundo visible. También podemos mencionar la obra de Ramón Llull (1235-1315), filósofo y teólogo, escritor y hombre de acción, escolástico y místico, que ideó una "ciencia general de las ciencias", la Ars magna.

c) Auge de la medicina escolástica. Como precursores de ésta hay que mencionar a los autores de la primera mitad del siglo XIII que combinaron la herencia de Salerno y el arabismo toledano. Taddeo Alderotti (ca 1223 -1303), profesor de Bolonia, introdujo el método escolástico en la enseñanza de la medicina. Arnau de Vilanova (Montpellier) y Pietro D’Abano (Padua) fueron figuras representativas de la medicina escolástica. El valenciano Arnau de Vilanova fue una de las máximas figuras de la medicina bajomedieval europea. Fue profesor en Montpellier, tradujo en su juventud libros del árabe al latín y fue autor de una numerosa e influyente obra escrita en la que se ocupó de cuestiones teóricas y de problemas prácticos, aunque siempre de acuerdo con lo que llamamos "galenismo arabizado". Aranau de Vilanova también fue médico de Pedro III de Aragón y de los papas Bonifacio VIII y Clemente V.

Arnau de Vilanova
Altorrelieve imaginario de Aranau de Vilanova.
Facultad de Medicina, de Valencia

Junto a estos dos también debemos hacer referencia a Pietro d'Abano (1250-1315), que fue profesor en la Universidad de Padua. Estuvo muy influido por el aristotelismo averroista. Escribió varias obras, entre las que destaca el Cociliator controversiarum..., una colección de las más importantes cuestiones del saber médico de su tiempo, aunque según Laín no dejan de ser sutiles torneos dialécticos acerca de entes de la razón.

d) Bolonia y París, centros respectivos de la escolástica jurídica y de la teológico-filosófica, dieron marco urbano a un progreso del saber quirúrgico y de la técnica operatoria. De Bolonia podemos mencionar a Guillermo de Saliceto y Lanfranco, quien, exiliado en Paris, llevó allí la brillante cirugía italiana.

La declinación del feudalismo trajo consigo un proceso de cambios; algo nuevo acontencía en la Europa del Bajo Medioevo:

a) Creciente lejanía de Dios
b) Aparición de movimientos intelectuales como el nominalismo y el voluntarismo
c) Disolución progresiva del feudalismo en beneficio de la nueva clase burguesa, muy numerosa y activa en las ciudades donde se desarrolla la industria artesanal
d) Consecuencia de las anteriores, creciente necesidad de atenerse a la experiencia de la realidad sensible y singular para edificar la ciencia del mundo creado y la estimación progresiva del trabajo manual y de sus obras.

Estos hechos tuvieron repercusión en la medicina de la siguiente forma:

a) Redacción de tratados, glosarios, sumas, concordancias, etc. Haciéndose rutinaria la actitud escolástica frente al saber y su comunicación.

b) Floreció el género conciliar. Taddeo Alderotti creó el consilium, una sobria narración patográfica redactada para la formación clínica o terapéutica del lector. La inclinación al conocimiento de la realidad individual que trajo el siglo XIV permitieron que las colecciones de consilia se hicieran frecuentes en los últimos decenios de la Baja Edad Media y principios del Renacimiento. Como veremos en próximos capítulos, la observatio renacentista será heredera directa del consilium medieval.

c) Renacimiento de la anatomía. En el filo de los siglos XIII y XIV volvieron a disecarse cadáveres para

—Buscar lesiones en los cadáveres afectados por enfermedad pestilencial
—Con un fin médico-forense, buscando causas de muerte como envenenamientos
—Por motivos puramente anatómicos con el fin de conocer la estructura del cuerpo

d) Desarrollo de la cirugía. En las Universidades de Bolonia y de Padua la cirugía se incorporó a la enseñanza universitaria. La gran figura bajomedieval fue Guy de Chauliac (siglo XIV), de la Escela de Montpellier. Su Chirurgia magna tuvo hasta el Renacimiento en toda Europa una influencia sólo comparable a la de los principales tratados clásicos e islámicos.

 

Texto: El cirujano. Guy de Chauliac. Cirugía... nuevamente corregida y enmendada...por Juan Calvo. Valencia, Mey, 1596.

"Las condiciones que de parte del cirujano se requieren son cuatro: la primera que sea letrado, la segunda que sea experto, la tercera que sea ingenioso, la cuarta que sea virtuoso. Pues cuanto a la primera, que sea letrado, no sólo en los principios de la cirugía, mas de la medicina, así de la parte teórica como de la parte práctica. En la teórica cumple que él sepa las cosas naturales, la anatomía, porque sin ella es nada la cirugía, como más adelante diré. Conozca la complexión, porque según la diversidad de ella cumple diversificar la medicina... También es menester conocer las cosas no naturales, porque ellas son causa de toda enfermedad y de salud. También ha de saber las cosas contranaturales, a saber, la enfermedad, porque de ella se toma la intención curativa. La causa de enfermedad no la ignore, porque sin la noticia de ella la curación no es del médico, sino de la fortuna. Los accidentes no olvide, porque algunas veces ellos sobrepujan la causa y prevarican toda la curación, según Galeno. En la práctica cumple sepa dietar y purgar, porque sin éstos no es perfecta la cirugía, que es el tercero instrumento de la medicina... Pues es constante que el buen cirujano debe saber los principios debe saber los principios de la medicina y, además, le será muy decoroso algún poco de las otras artes... Si la medicina no tuviese necesidad de las otras artes, como la lógica, geometría, astronomía, etc., muy presto los zurradores y carpinteros y herreros y otros artífices dejarían sus artes y serían médicos. Secundariamente, el cirujano es menester sea experto y haya visto a otros obrar, según lo que dice el sabio Avenzoar. Es menester en cualquiera médico, primero haber ciencia, después uso y experiencia... Tercio que sea ingenioso y de buen juicio y memoria... Cuarto, que sea virtuoso, sea osado en las cosas seguras, temeroso en las peligrosas, huya de las malas curas, sea gracioso [agradable] a los enfermos, a los compañeros amigable, cauto en el pronosticar; sea casto, templado, piadoso, miserecordioso, no codicioso, no atesorador de dinero, [sino que] según su trabajo y según la facultad del enfermo y la calidad de la dolencia, tome sus salarios moderadamente."

e) Higiene y dietética. El Regimen sanitatis al rey de Aragón, de Arnau de Vilanova, es un ejemplo del género —los regimina— que prosperó en esta etapa dedicados a los príncipes y grandes señores. Este género expresó la constante discriminación estamental de la práctica médica, y la creciente atención hacia las realidades individuales. Otras veces los regimina no son la higiene de una persona determinada, sino la de una actividad, un estado vital o una profesión (embarazo, viajes, vida militar, vida monástica, etc.). También los hubo dedicados a prevenir enfermedades mortíferas como la peste.

f) Perfeccionamiento de las traducciones griegas. Con el tiempo se produjo una mayor exigencia en las traducciones de las fuentes y una creciente capacidad crítica. La relación con el mundo bizantino permitió llevar a buen término el empeño.

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2.5.3. La asistencia
Como hemos visto, el cristianismo condujo a una asistencia para toda la población, pero no llegó a superar la larga diversificación socioeconómica. En las primeras comunidades cristianas existió una igualdad asistencial pero, tras la conversión del cristanismo en religión oficial del Imperio Romano, el compromiso con las estructuras sociales, económicas y políticas propio de la etapa "postconstantiniana" condujo otra vez a la diversificación.

Ya hemos visto que, incluso en los monasterios, se produjo también esa diversificación.

En la estructura feudal de la sociedad lo que había sido "asistencia para hombres libres y ricos" pasó a manos de los médicos de cámara de reyes y príncipes, nobles y altos dignatarios eclesiásticos. Cuando se desarrollaron las ciudades durante la Baja Edad Media, el nivel intermedio de la asistencia se convirtió en domiciliario, punto de partida del "médico de cabecera". Los esclavos, miserables, pobres urbanos y siervos eran recogidos —mas que asistidos— en los hospitales fundados por monarcas, nobleza, clero o el estrato social preburgués. Un claro ejemplo fue el manicomio fundado en Valencia en 1409 destinado a locos y "débiles mentales" , gestionado por "ciudadanos, mercaderes o de similar condición".

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2.5.4. La enseñanza de la medicina
En la Europa bajomedieval se constituyó la profesión médica por una serie de condicionamientos:

—profundos cambios socioeconómicos y políticos de la época
—asimilación del saber médico grecoárabe

La primera reglamentación del título fue promulgada en 1140 por Rogerio II de Sicilia, que estableció un examen oficial obligatorio para poder ejercer la medicina. Un siglo más tarde, Federico II reglamentó en el mismo reino la enseñanza mediante una ordenanza (1240) que disponía que los aspirantes al título debían cursar tres años de estudios preparatorios y cinco de medicina en Salerno, y practicar después durante otro año junto a un médico.

Como hemos visto anterioremente, la enseñanza de la medicina se adscribió después a las Universidades. Al principio fueron agrupaciones de maestros y discípulos, semejantes a otros gremios. Su importancia para el poder civil y eclesiástico hizo que fueran pronto controladas por los monarcas y que necesitaran un privilegio pontificio para que sus estudios fueran válidos en toda la cristiandad. En su organización apenas se tuvo en cuenta el trabajo manual, herencia de la tradición del mundo clásico que despreciaba este tipo de trabajo. Esto condujo a que los médicos, como hombres de saber, estudiaran en las universidades, mientras que los cirujanos quedaron excluidos y reducidos a una ocupación artesanal tanto por su formación como por su posición social.

Universidad de Oxford
Comentario de un texto en la Universidad de Oxford.
Manuscrito siglo XIII (edición facsímil).

Esto no significa, sin embargo, que desaparecieran de forma inmediata los médicos sin formación universitaria. Circularon gran cantidad de textos clínicos y terapéuticos que se redactaron por lo general en lenguas vulgares y que no llevaban firma. En la Península Ibéria, además, habría que tener en cuenta a los médicos musulmanes y judíos. Aunque la población musulmana fue mayoritaria en muchas zonas, quedó privada de sus científicos e intelectuales que emigraron pronto a zonas meridionales de Al-andalus o a zonas del norte o del este de África. Fueron marginados de las instituciones académicas cristianas, la medicina de la población musulmana fue empobreciéndose hasta quedarse reducida a formas de carácter popular. Hubo, no obstante, excepciones. A pesar de que legalmente estaba prohibido que médicos musulmanes asistieran a enfermos cristianos, en la realidad algunos municipios, nobles, hospitales y monarcas recurrieron a ellos hasta la definitiva expulsión de los moriscos. Algo parecido sucedió con los médicos judíos.

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2.5.5. Otras prácticas curativas
Junto a la medicina oficial se situaron otro tipo de prácticas curativas basadas en fuerzas sobrenaturales u ocultas. Las que eran compatibles con el cristianismo fueron adpatándose; por ejemplo, los santuarios dedicados a Asclepio permanecieron bajo la advocación de la Virgen María o de algún santo. Algo parecido sucedió con las prácticas o instituciones de origen celta o germánico. Por el contrario, las prácticas que chocaron frontalmente con el cristainismo fueron perseguidas por diabólicas, supersticiosas e inmorales, aunque persistieron en la clandestinidad. La brujería, por ejemplo, fue terriblemente perseguida desde finales de la Edad Media hasta bien entrado el siglo XVIII. Se produjo durante este tiempo la "caza de brujas" que costó la vida a miles de personas en toda Europa; en España quedó casi reducida a Navarra. Algunas perdonas lúcidas, como Juan Luis Vives, en cambio, señalaron que se trataba de enfermos mentales, de delirios y alucinaciones, y llegaron a defenderles del odio popular y de la persecución de las autoridades civiles, enviándolas a médicos.

 

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